"When crimson darkness rules the earth,
and creatures gather behind your window...
How does it feel to be all alone?
How does it feel to hear them roam?
Sleep won't come no matter how hard you try.
At your threshold they are stalking - closer and closer.
When the time has come for you to meet your deepest fear,
please don't forget that I will be always near."
Fucking Wizard, Crush the Insects, Reverend Bizarre
Las cálidas luces de la calle entraban a través de las cortinas blancas, las siluetas de lo que parecían ser tres cabezas asomándose hacia el interior de su habitación, descanzaban sobre la base externa de su ventana. Una sutíl ráfaga de viento levanta la cortina, dejando ver las tres materas decorativas en contraluz. Súbitamente un estruendo irrumpe el silencio; el niño grita pidiendo auxilio, luego toma un helicóptero y lo hace volar hasta la catástrofe que él mismo ha causado. Imitando las voces de una conversación radial responde al llamado de los accidentados.
Una ambulancia se acerca a toda velocidad por fuera de su habitación, iluminando con sus colores rojo y azul las cortinas de su ventana. Tras un momento de quietud, el pequeño sale corriendo hacia la calle con la esperanza de ver la ambulancia. Su habitación queda sola. Una nueva ráfaga levanta las cortinas, golpeando esta vez con tanta fuerza que puede escucharse el silbido del viento. Un transformador eléctrico explota en la calle a causa de esta, dejando al cuarto del niño, junto a todo su barrio, sin electricidad. Tras unos instantes de silencio y oscuridad, la madre del pequeño le llama a comer.
Cuando este llegó al comedor y se sentó a la mesa, a la luz de unas cuantas velas, el reloj de péndulo en una de las paredes sonaba como el director de una orquesta, marcando el compás de la cena. El silencio de los cubiertos cortando el alimento, golpeando la cerámica de los platos; el crujir del masticar y hasta la respiración suya seguían esa partitura orquestada a la perfección. En el mesón de cuatro puestos se sentía insignificante, aún cuando a su corta edad no podía saber lo que esto significaba.
"Cómete los vegetales" dijo su padre con una voz ronca; su madre le dirigió una expresión de reproche, "si el niño no quiere comer más, no puedes obligarlo". Hubo diez segundos de silencio. Su problema real no era la falta de apetito, sino una extraña ansiedad que no lograba comprender. Dio una mirada rápida al cuadro en la pared izquierda, apenas visible entre las tinieblas; luego recorrió todo el espacio, deteniéndose en los rincones más oscuros. Pasó por la puerta de la cocina, que se encontraba justo al frente, y siguió caminando con sus ojos, escudriñando el comedor hasta que llegó a la derecha. Su padre lo miraba impacientemente. El pequeño tomó su juguete, una figurilla de acción que lo había acompañado desde su último cumpleaños, quinto desde su nacimiento. Lo agarró con ambos brazos, apretándolo contra su pecho. "Hoy no te leere en la cama", sentenció su progenitor. "Carlos..." comenzó la mujer, pero fue interrumpida por el enojo de su marido.
Acostarse sin escuchar la voz de su padre era un terrible castigo que lo llenaba de pena. Lloró sin hablar; sólo una pequeña lágrima rodó por su mejilla derecha. "Lo has hecho llorar, Carlos, bien sabes que el niño le toma más tiempo dormirse cuando no le lees antes de dormir". El padre apoyó sus codos sobre la mesa, depositando la carga de su pesado torso, y sentenció una vez más, aún más amenazador que antes: "Si no te comes los vegetales, Julián, tendrás pesadillas esta noche". La mujer miró a su marido con disgusto, "Carlos, por favor!". "Qué es una pesadilla?" preguntó el pequeño ingenuamente, su madre lo observó con la ternura más absoluta por unos segundos y finalmente declaró, "Nada, hijo, tu padre sólo lo dice para que te comas los vegetales". "Pero yo no quiero comer, mami, no tengo hambre", sus padres lo miraban.
El resto de la cena transcurrió de nuevo en silencio, la madre y el padre intercambiaban miradas reclamatorias mientras que el niño esperaba el final, jugando con su muñeco.
Como lo había prometido su padre, una vez terminaron de cenar y la madre de lavar los platos, obligó a su hijo a lavarse los dientes, rezar y finalmente lo acostó a dormir sin leerle. El pequeño se acomodó y le dirigió una larga mirada al niño que le observaba desde el cuadro que estaba justo frente a su cama; sus padres se despidieron de él y se llevaron el cuadro antes de salir de la habitación y apagar la luz. En ese momento por fin reinó el silencio nuevamente.
En el tiempo que tenía para pensar antes de quedarse dormido vio cómo las luces pálidas de la calle volvían a encenderse, iluminando a uno de sus muñecos, puesto en la cima del gran armario de la pared frente a su cama. En ese mueble reposaban todos sus juguetes, esperando al día siguiente, cuando escogería alguno para llevar a la escuela. El muñeco iluminado era un soldado al que jugando una vez le habia arrancado uno de sus brazos. Por un tiempo lo estuvo observando fijamente, se imaginaba que podría cobrar vida y vengarse por su brazo perdido; pero pasó mucho tiempo y comenzó a quedarse dormido.
Una fuerte luz y las extrañas sombras de los barrotes de su ventana proyectadas sobre las paredes de su habitación le impidieron que se durmiera por completo. Se volteó y dejó una de sus manitas suspendida más allá del borde de la cama, luego miró hacia la ventana. Las materas que adornaban el marco en la parte exterior de su ventana lo observaban en medio de la noche, sus sombras proyectadas por la luz del faro de la calle sobre la cortina blanca semitransparente creaban la lilusión de que se movían, y el pequeño se imaginaba que podían estar susurrando entre ellas la forma de entrar en su habitación; pero el tiempo transcurrió y su sueño venció por fin el miedo.
Otro carro pasó, pero esta vez el niño ya estaba dormido. La luz amarillenta de la calle entraba tenuemente, iluminando las muchas fichas de LEGO que yacían en el suelo, regadas hasta la base de su cama. El niño se volteó en su cama y su cobija rodó hacia abajo, pero se detuvo después de unos segundos; luego vuelió a girarse, tomando la cobija con una de sus manos. Pasaron unos cuantos segundos más y esta comenzó a rodar una vez más, pero esta vez halada desde abajo de la cama.
La cobija cayó y el niño se acomodó instintivamente en posición fetal; aunque su sueño siguió inalterado. Un suspiro ronco, casi enfermo, se escuchó en la habitación. La cobija se muevió en el suelo hasta empujar algunas de las fichas de LEGO lejos de la cama. La sombra de un largo e informe brazo se extiendía desde abajo de la cama, subiendo lentamente hasta posarse sobre las sábanas, se tuerció y agarró con su mano el colchón del niño. Con sus flacos dedos palpó su entorno y luego, con un movimiento parecido al caminar de una araña, se abrió camino sobre la cama, buscando a la aún inocente criatura.
Su índice deforme, más largo que el resto de los dedos, encontró al pequeño, y suavemente comenzó a acariciarle la planta del pie. El niño inicia un proceso que al final lo traerá de vuelta a la realidad. Primero, muevió la pierna tratando de evitar la molestia que le ocasiona la sutil caricia de aquella mano informe; después, tras no poder evitar esa perturbación, su consciencia viajó, desde esos mundos fantásticos en los que se encontraba, hasta su cuerpo. Una vez más el viento levanta las cortinas, la sombra incorpórea se queda estática, casi desapareciendo por la luz que entra desde el faro de la calle; la ráfaga es larga y continúa congelada, pero pronto el viento cesó y la sombra reanudó sus caricias.
Finalmente el pequeño abrió sus ojos. Un nuevo suspiro ronco llamó su atención, sus sentidos regresaron lentamente a la normalidad y pudo percibir la insistente caricia en la plata de su pie. El infante miró hacia abajo, su reacción es terrible cuando ve en ese preciso instante a la sombra aferrarse con su aberrante mano a su pierna y halarlo hacia el suelo. El niño grita con un terror profundo y se agarra con todas sus fuerzas a su colchón. Lucha contra la monstruosidad y sus intenciones de llevárselo bajo su cama, pero su fuerza no es suficiente. Pasos agitados se escucharon afuera de la puerta de su habitación, la perilla se gira con gran velocidad y la puerta se abre con desesperación; pero en ese mismo instante el terror regresa al lugar de donde vino.
Sus padres entran asustados y encienden la luz. El niño yace temblando en su cama, la sábana blanca está amarilla. El padre comienza a regañarlo y la madre, viendo a su hijo terriblemente asustado, le recrimina a su marido; discuten acaloradamente. Por su parte, el pequeño no logra comprender nada, y sólo espera nunca más dormir sin compañía.
Qué era esa horrible criatura? Muchos preguntan; pero ya todos sabemos que se debe buscar debajo de la cama.
2 ondas:
O.o
Estaba bueno, pero no entendí si es un final alternativo que escribiste para un corto ya existente... o es de un guión en el cual trabajas para hacerlo cortometraje. Muy buena.
Es una adaptación para trabajar el guión de un cortometraje basado en la historia, camarada. En unos meses espero esté terminado, así lo podrás ver.
Saludos, mi estimado camarada Carter.
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